Me gusta la gente que intenta entender
No la que tiene razón. Ni la que siempre gana las discusiones. Ni la que tiene respuesta para todo. Me gusta la gente que intenta entender.
Estos días estoy viendo una serie de ciencia ficción. La típica que parece que va de una cosa y al final va de otra. Pluribus. Empezó llamándome la atención un detalle completamente absurdo. Luego otro. Y al final me he dado cuenta de que llevo varios días pensando más en las personas que en la propia serie.
Hay un personaje que cree que hay cosas que no se pueden aceptar aunque el resultado sea un mundo feliz. Otro piensa que, ya que el mundo ha cambiado, más vale aprender a vivir en él y sacar lo mejor que pueda ofrecerte. Y me hizo gracia porque me di cuenta de que esas dos personas ya existen en mi vida.
En mi familia están los dos.
Y supongo que yo llevo años intentando estar justo en medio.
Porque sí, creo que existen verdades incómodas. Creo que muchas veces preferimos no mirar. Creo que hay demasiadas cosas que funcionan porque la mayoría decide no hacerse preguntas.
Pero también creo que no puedo vivir llevando dentro todas las guerras, todas las injusticias y todos los males del mundo. No puedo. Hay personas que parecen alimentarse de eso. Yo no. A mí me rompe un poco por dentro.
Supongo que por eso dejé de discutir hace muchos años.
No porque dejara de tener opiniones. Al contrario. Creo que ahora las tengo más claras que antes.
Lo que pasa es que cada vez me cuesta más creer que una discusión cambia realmente a una persona.
Además, casi siempre me pasa lo mismo. Mientras el otro intenta convencerme de que tiene razón, yo ya estoy intentando entender por qué piensa así. Y ahí ya hemos perdido los dos. Porque él cree que estoy equivocada y yo empiezo a ver sus motivos. Y cuando entiendes los motivos de alguien es muy difícil seguir enfadado.
Aunque no estés de acuerdo.
Y eso tiene un problema.
Que a veces me gustaría odiar un poco más fácilmente.
Porque hay personas que hacen daño.
Y ahí entro en un bucle que conozco demasiado bien.
¿Lo hace porque es egoísta?
¿Porque tuvo una infancia complicada?
¿Porque cree sinceramente que está haciendo lo correcto?
¿Porque simplemente no se ha parado nunca a pensar?
Y no me gusta cuando no puedo entender algo.
Me desespera un poco.
Lo curioso es que hace casi diez años escribía exactamente sobre lo mismo. Yo pensaba que había cambiado muchísimo desde entonces, pero creo que no.
He cambiado de casa, de trabajo, de pareja, de creencias, de aficiones.
Pero sigo haciéndome las mismas preguntas.
Solo que antes necesitaba responderlas.
Ahora me conformo con hacerlas.
Y, no sé, creo que eso también es una forma de paz.
Porque al final me he dado cuenta de una cosa.
La gente que más admiro no es la que siempre acierta.
Es la que sigue teniendo curiosidad incluso cuando ya podría fingir que lo sabe todo.

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